Un reciente estudio elaborado por Ipsos por encargo de COMEXPERÚ evidencia una situación que merece mayor atención, para muchas empresas, especialmente las de menor tamaño, formalizarse y crecer no siempre es percibido como una oportunidad, sino como el ingreso a una empresa con mayores obligaciones y riesgos. El 43 % de las empresas señalo haber sido fiscalizada los últimos doce meses por entidades como SUNAT, SUNAFIL o Municipalidades.
El problema, por tanto, no necesariamente está en la existencia de la fiscalización, que resulta necesaria para garantizar el cumplimiento de las obligaciones legales y tributarias, sino en cómo esta se desarrolla. El estudio muestra que el 40% de las pymes percibe las fiscalizaciones de SUNAT como principalmente sancionadoras y el 88% señala que los criterios o interpretaciones de los fiscalizadores cambian con alguna frecuencia. Esta percepción puede incrementar los costos de cumplimiento y generar incertidumbre, especialmente para negocios pequeños que no cuentan con los mismos recursos que una gran empresa para afrontar una controversia administrativa o tributaria.
En ese sentido, hablar de un “impuesto invisible” resulta interesante porque no se refiere a un nuevo tributo, sino al costo que puede generar la incertidumbre, la carga administrativa y la falta de predictibilidad para quienes buscan crecer dentro de la formalidad. El reto del Estado debería ser encontrar un equilibrio entre fiscalizar de manera efectiva y generar condiciones que hagan atractiva la formalización. Una fiscalización basada en perfiles de riesgo, criterios claros y una mayor orientación al cumplimiento podría contribuir no solo a reducir la informalidad, sino también a que las empresas perciban el crecimiento como una oportunidad y no como una mayor exposición a sanciones y costos.